Cuando un gran predio llega a la mesa, la primera información suele ser el área total. Aparece en la matrícula registral, en el levantamiento y en la conversación sobre el precio. Es un dato necesario, pero todavía dice muy poco sobre lo que ese territorio puede llegar a ser.
Dos terrenos con la misma área pueden sustentar proyectos, riesgos y valores completamente diferentes. Uno puede estar conectado a una avenida y a redes urbanas existentes. Otro puede exigir nuevas vías, extensiones de infraestructura y años de negociación. Uno puede tener un relieve que organice la ocupación. Otro puede concentrar agua, vegetación y pendientes precisamente donde el primer diseño imaginaba construir.
El potencial no está escondido dentro del perímetro como una cantidad predeterminada. Aparece cuando el terreno se analiza en relación con todo lo que lo rodea y con todo lo que deberá ocurrir a lo largo del tiempo.


